ENTREVISTA CLAUDIA PATRICIA MATOS MIRANDA

ENTREVISTA DRA. CLAUDIA MATOS MIRANDA EGRESADA DE LA XLV PROMOCIÓN (2004)

La Dra. Claudia Matos Miranda es egresada de la XLV Promoción (2004), realizó una MSc in Human Genetics en McGill University y trabajó como Research Fellow - Genetics en Tufts Medical Center, Montreal Children’s Hospital y Johns Hopkins Hospital. Además se formó como Instructora de Isha Hatha Yoga en India. Actualmente ofrece, en la Clínica San Felipe, asesoría genética y atención médica integrativa en la que incorpora prácticas de yoga y meditación como terapia complementaria.

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¿Cómo así decidiste estudiar Medicina? ¿Y por qué en nuestra Facultad?

En realidad tuve dificultad para decidirme entre ciencias y medicina porque el estudio en ciencias básicas me atraía mucho, sobretodo la genética. De hecho la idea de trabajar en un laboratorio era un sueño para mi, pero mi deseo de atender personas enfermas y ayudar a aliviar su dolor y sufrimiento era demasiado fuerte. En esos años me decían que ser científico genetista y médico al mismo tiempo sería algo imposible. Sin embargo, un día leí en una revista extranjera sobre el proyecto del genoma humano y de su probable aplicación en la medicina. Esto me ayudó a elegir medicina con la clara intención de buscar la manera de estudiar genética más adelante.

Decidí postular a la Facultad de Medicina de la UPCH porque fue de alguien de la UPCH que recibí la revista! Además mi padre era un egresado de la misma facultad. Por ello había interactuado con diferentes profesionales de la universidad que eran conocidos como los mejores en su especialidad y yo quería estudiar en la mejor.

¿Cómo fue el desarrollo de tu carrera en la Facultad? ¿Recuerdas clases o cursos emblemáticos? ¿Docentes?

Durante mis años de estudiante en la Facultad, estuve involucrada no solo con el desarrollo de mi carrera sino con la de mi clase, lo que me llevó a ser la representante de la misma ante los profesores. Lo último me permitió compartir mis opiniones pero también ver el esfuerzo de los profesores por hacer lo mejor posible y eso me estimulaba académicamente. Debo confesar que en más de una ocasión entre clases, asistí a sesiones de otras facultades y también leía de temas que no estaban relacionados directamente con medicina o ciencia. Era inevitable para mí sentir que quería aprender más y diferente. Finalmente mientras era estudiante tuve la oportunidad de ser alumna de visita en otras instituciones en el extranjero, como en los laboratorios Impath (ahora Genzyme-Impath) en EEUU, la Universidad de Lieja en Bélgica y la Universidad de Oxford en Inglaterra. Siempre fui una alumna que cuestionaba. En consecuencia, mis clases favoritas eran las que permitían el diálogo entre el profesor y el alumno, las clases que presentaban casos a resolver y las que abrían el debate entre alumnos. Entre los docentes de la Facultad de Medicina que han influenciado mucho en mi como médico y como persona, se encuentran el Dr. Raúl León Barúa, el Dr. Luis Trelles, el Dr. Roberto Accinelli, el Dr. Manuel Gutiérrez, el Dr. Ciro Maguiña, la Dra. Carmen González, la Dra. Patricia Campos, el Dr. Eduardo Paredes y el Dr. Oscar Vidarte. Todos ellos estuvieron abiertos a escucharme y estimularon mi deseo por aprender más. Con muchos he discutido temas completamente diferentes a los de clase y siento que eso enriqueció mi entrenamiento como médico y mi crecimiento como persona.

¿Cómo te ha ido como profesional? ¿En qué has trabajado y que formación de posgrado has recibido, desde que terminaste hasta ahora?

La verdad es que me ha ido muy bien. Al finalizar mis estudios de medicina, luego de trabajar por casi dos años en el Perú, me mude a EEUU, en donde recibí entrenamiento en genética médica en el Johns Hopkins Medical Center en Baltimore y en el Tufts Medical Center en Boston. Estos me llevaron a ser convocada para trabajar en un proyecto de la Universidad McGill y el Montreal Children ́s Hospital en Canadá. Ya en Canadá, decidí postular a la Maestría en Ciencia en Genética Humana que la Universidad McGill ofrece. A pesar de que el programa es dirigido solo para graduados en ciencia, fui aceptada. Durante mis estudios, me volví el médico que hacía ciencia o el científico que era médico y servía como el traductor entre los dos departamentos. Algunos días eran enteramente dedicados al trabajo de laboratorio y otros, a la evaluación de pacientes, explicándoles porque estaban enfermos. Para mi eso fue muy satisfactorio y divertido: finalmente estaba haciendolo que siempre quise hacer. Al finalizar mi maestría, el Montreal Children’s Hospital me contrató para trabajar en un proyecto más grande aún.

Luego de un tiempo, comienzo a darme cuenta que habían preguntas y situaciones que los pacientes me presentaban que yo no podía resolver a pesar de todo lo que había estudiado. Simultáneamente, en el laboratorio nos comenzamos a dar cuenta que no solo se trata de la genética sino que la epigenética parece tener un papel, más importante aún, en el desarrollo y progreso de enfermedad. Me doy cuenta que nuestro afán por brindar una medicina personalizada no florecería si no aceptamos que la persona es única, no solo por su estructura genética, sino por su entorno, lo que siente y lo que vive. Todos éramos excelentes especialistas pero ese médico que veía a la persona de manera holística no existía en el equipo.

Comienzo a replantearme por qué estudié medicina. Casi al mismo tiempo, yo tuve que enfrentar un problema de salud serio y a pesar de tener todas las respuestas a mi enfermedad y el mejor tratamiento farmacológico disponible, sentía que habían otros aspectos de mi vida que no estaban siendo atendidos por el sistema de salud y yo sola busque solución a ello. Cambie mi estilo de vida e incluí la práctica de yoga en mi vida diaria. Conforme pasaban los meses, observé que quienes practican yoga sufrían menos sus dolencias o no sufrían de ninguna, eran menos ansiosos, eran más felices y por consecuencia eran más sanos. En conclusión una práctica que te ayuda a mantener el cuerpo, la mente y el espíritu sano parecía servir como un sistema eficiente de prevención de enfermedad o de morbilidad asociada. Parecía que el yoga funcionaba como un buen sistema de control epigenético.

Es así que tomé la decisión de embarcarme en la aventura de mudarme a India para explorar la ciencia del yoga y observar los sistemas de medicina tradicional Ayurveda y Siddha. Me entrené como profesora de Yoga bajo la supervisión de Sadhguru, una de las 50 personas más influyentes de este país, consultor de las Naciones Unidas, orador del Foro Económico Mundial e invitado especial en cumbres e instituciones educativas líderes como el MIT y las universidades Harvard y Stanford. El entrenamiento fue intenso y duró más de 1750 horas en un ambiente bastante diferente al que estaba acostumbrada. ​Así desde el 2014 me convertí en Profesora de Yoga y en Medico Integrativo.

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¿Y en qué consiste tu trabajo, tanto en investigación y práctica clínica en la Clínica San Felipe y tus clases de Yoga y meditación?

Como investigadora, colaboró con grupos que hacen investigación en genética humana, yoga y medicina. Como Genetista Humana realizo consultorías y evalúo viabilidad de proyectos. Además participo en la evaluación y asesoramiento de pacientes con enfermedades genéticas con mis colegas en Canadá y EEUU. En la Clínica San Felipe, practico Medicina Integrativa, brindo una evaluación y atención holística al paciente y complemento la terapia actual con prácticas de yoga específicas para la condición del paciente. El hatha yoga clásico ha evidenciado ser un excelente sistema de prevención de enfermedad o de terapia complementaria. En mi práctica médica he observado que la condición de mis pacientes mejora significativamente en los que lo practican, especialmente los que sufren de condiciones crónicas.

Además,​ o ​ frezco asesoría genética. Hace casi 4 años co-fundé Yoga Mandapam, una escuela de hatha yoga clásico y hasta ahora hemos entregado clases en India, Canadá, EEUU y América Latina. Ofrecemos clases abiertas al público de manera regular y algunos centros que tienen conocimiento del tema nos invitan para dar clases especiales, como clases de yoga para sordos en Brasil o para mejorar el nivel de eficiencia en empleados de empresas. Ofrecemos también sesiones educativas dirigidas a médicos y a personas con enfermedades específicas.

¿Qué planes a futuro tienes?

Realizar investigación en yoga, medicina y genética. Ya hay muchos estudios que prueban la eficiencia del yoga y hay algunos que presentan evidencia del efecto de la práctica del yoga a nivel molecular. Me gustaría expandir los estudios a nivel clínico y molecular. Además, deseo educar a la población en general, en lo importante que es mantener un estilo de vida sano y cómo esto ayuda a prevenir enfermedades o a tratarlas mejor. Educar en el hecho que no solo se trata de la constitución genética: no solo es el gen sino su ambiente. Quiero también colaborar con mis colegas en incorporar la Medicina Integrativa en el proceso de atención al paciente y así incluir más frecuentemente terapias complementarias que los beneficien.

¿Qué les dirías a los actuales alumnos de Medicina de nuestra Facultad?

Que no dejen que nadie les diga que pueden o que no pueden hacer y que es posible integrar diferentes habilidades y conocimientos para ayudar al paciente, solo hay que pensar a veces fuera de la caja.

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